La segunda guardería de mi nena.

¿Pues qué queréis que os diga? Las guarderías me parecen un horror.

Esta semana hemos empezado una segunda guardería. Cuando la visité me pareció fantástica y maravillosa aunque me hubiese gustado un poco más completa. Pero bueno, su filosofía, los materiales y, sobretodo, el plan del proceso de adaptación me convencía.

Durante esta semana he descubierto que no me mentían como en la otra. He podido estar con mi niña cada día el tiempo que me ha dado la gana. El trato de las monitoras con los niños es bastante bueno, son respetuosas y conscientes. No dicen el típico “¡no pasa nada!” cuando uno se cae. O no dejan a los que lloran ahí tirados en plan ya te cansará, como vi hacer en la otra.

Sí que a veces alguna criatura se ha quedado desatendida pero ¡porque hay momentos que no dan abasto! Y eso que son solo 5 bebés por monitora. ¡Pero en cuanto pueden la asisten!

Además mi nena se lo pasa bastante bien y cuando llega la hora de partir se resiste.

Creo que el problema no es la guardería en sí, sino más bien el concepto. El sistema que tenemos montado me parece una barbaridad y una fábrica de futuros consumidores de ansiolíticos y demás drogas, ya sean legales o ilegales.

Ups, quizás he sido demasiado dura y radical. Pero creo que cualquier madre que viera llorar a su hijo como lo he visto yo estos días cambiaría su concepto de guardería, o no. Esas frases tan pueriles se dejarían de oír. “Las guarderías son buenas porque así socializan, se espabilan”, “es lo que necesitan, ir a la guardería”.

Realmente llega un momento en que la criatura necesita empezar a socializar más allá de papá y mamá, pero ¿las guarderías son el mejor sistema? Lo dudo.

Cuando oigo un pequeño llorando desconsoladamente en uno de esos rincones del mundo siento que le estamos dando un pésimo mensaje: “resignate y acostúmbrate a lo que va a ser el resto de tu vida: sentirte solo en medio de la multitud.” ¿Quizás retumba dentro de mí el trauma que llevo dentro? Siempre odié el colegio.

Y es que incluso en esta guardería tan respetuosa, que la mamá se mantiene en el mismo local, que puede entrar libremente en la sala donde se encuentra su pequeño, que es avisada cuando su retoño llora, incluso en esa hay críos llorando desconsoladamente.

Estar ahí dentro se me parte el alma. No quiero imaginar lo que ha de ser una convencional. Claro que los críos se acostumbran y se acaban resignado a su suerte.

Ah, y un dato, todos cuando están en apuros llaman a mamá. Ninguno a papá, lo siento chicos.

A pesar de todo ello seguiremos adelante con el plan guardería. Necesito imperiosamente un tiempo libre para mi y, por suerte, veo que hay niños que se lo pasan bien ahí. Y a mi nena también le gusta.

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