Lejos

Hace justo un año sentía vértigo por pretender vivir a más de 9.000 km de mi tierra con un bebé de 9 meses.

Y hoy vuelvo a sentir vértigo.

Mi pequeña y yo nos hemos quedado solas con el padre a más de 9.000 km de distancia. Sí, ayer partió hacia México dejándonos en tierra.

Hemos decidido que este invierno nosotras dos no volveremos. No nos gustó la experiencia a pesar de la amabilidad de los mexicanos. La verdad es que lo pasé francamente mal. Querer vivir lejos en una tierra extraña con un bebé limitando tus movimientos, con tu pareja, la única persona que conoces, trabajando todo el día y teniendo un hogar que no reúne las mínimas condiciones a las que estoy habituada me resultó demasiado duro.

Quizás la vida me haya mimado demasiado. Creo que se ha de tener en cuenta que pasé de vivir en una casita en una población de apenas 400 habitantes a un piso más que modesto rodeada de millones de personas. Pasé de tener vistas al mar a ver fábricas y autobuses ruidosos y apestosos, de contemplar la montaña y la luna a soportar muros y gritos de vendedores ambulantes.

Me preocupa como le puede afectar a mi niña pasar tanto tiempo lejos de su padre. Claro que haremos Skype y podrá ir viéndolo y charlando con el. Pero no es lo mismo.

Aunque me preocupa bastante más la posibilidad de soportar a una madre histérica y desquiciada pues si la madre no está bien la criatura tampoco.

Tengo los billetes de vuelta a primeros de octubre. Aún puedo revocar la decisión. Todo depende de la evolución de mi tesoro.

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