¿Dónde está mi espacio?

La semana pasada volví a escribir después de bastante tiempo de silencio. Y es que he arrancado mi nuevo blog crianzayapego.com. Quiero hacer tantas cosas y voy tan lenta. Claro, dispongo de muy poco tiempo. Y a veces se me escapa buscando la manera de aprender algo nuevo.

Mi pequeña ha pasado algunas noches que no ha dormido bien con lo cual me fastidia mi sesión de escritura. Qué rabia me da.

Creo que la mayor lección en la maternidad es la paciencia, al menos en mi caso.

He de hacer acopio de paciencia continuamente. Para dormirla, a la hora de comer, si le doy agua, si quiero vestirla. Y más vale tener paciencia porque sino la cosa se pone peor.

Creo que en la crianza no existen los atajos. Si en algún momento pretendo acortar camino, es decir, buscar una manera de ir más rápido, no sólo acabo retrasando los hechos sino que además la niña se lleva un buen disgusto. He de dejar espacio a que capte y asimile. Decirle y repetir las cosas tantas veces como haga falta, con firmeza pero con suavidad, esa que se va por la borda en momentos críticos.

Qué rabia me da que el estrés me traicione y entonces no trate bien a mi nena. Por eso me paso el día reduciendo mi vida a la mínima expresión.

Por ejemplo, esta semana no iremos a estimulación. Nos encargan muchas manualidades y ¡ya quedan dos semanas para partir! ¡He de empezar a pensar en las maletas! Y en mi mente, ahora mismo, no caben las dos cosas, estimulación y maletas. Podría, pero a costa de la integridad moral de mi niña. Paso.

Y es que una tiene los límites que tiene. Dicen que se puede mejorar pero no de un dia para otro y tampoco a costa de una criatura.

La escritura es uno de esos factores que se resienten en pos del bienestar de mi hija. Qué le vamos a hacer.

Pero este punto es conflictivo. Si se resiente la escritura entonces me resiento yo y si yo me resiento la nena, inevitablemente, también. Si por el contrario procurase que la escritura no se resintiese entonces mi pequeña se resintiria directamente. Paso, no voy a dejar que llore mientras yo escribo.

Es jodido, una putada. Necesitaría más horas de libertad. Antonio se la lleva a pasear, pero no cada día y a veces la salida no dura más de ¾ de hora. Insuficiente.

Ahora que vuelvo a mi pueblo, me planteé pedir a mi madre que hiciera la función de Antonio en este aspecto. Pero no puede ser, he descubierto que la mujer tira de vídeos cuando le toca cuidar a mi sobrina. No quiero que haga lo mismo con mi hija.

Así que todo apunta a que el curso que viene, si Dios quiere, la niña empezará la guardería.

Bueno, a decir verdad si no ha empezado ya es porque este tema es otro foco de controversia. Me da un miedo atroz llevarla a la guardería. Y no tanto por el hecho de separarla de mi, no. Es más, creo que las dos necesitamos más contactos con otros seres humanos. Lo ideal sería que pudiera pasar más tiempo con su padre, o con sus abuelos, o con sus tías o ¡con todos! Que hubiese gente cerca que la ama dispuesta a cuidarla. Pero a falta de pan buenas son tortas. Es decir, una buena guardería puede suplir la función familiar. ¿Pero qué guardería es digna de mi pequeña? Esa es la gran pregunta. Que la traten bien, con respeto.

En mi tierra me da miedo pero aquí en México ¡me da pavor! Oigo a hablar a los mexicanos y no comparto lo que dicen. “Hay que poner límites desde bien chiquitos y si no cumplen se les castiga”, “los niños entienden, vaya que sí entienden, ¡desde que están en la barriga que entienden! ”. Dos frases pronunciadas por la maestra de estimulación, qué horror. “Si no quiere escribir le coges la mano y le fuerzas a escribir” consejo de una psicólogo a una madre, qué espanto. Además, ya desde bien chiquitos, desde parvulitos ponen deberes, tareas que deberá realizar la progenitora, osea yo.

En fin, que los parvulitos aquí están chungos. La situación está complicada.

“Oooooooooooooooommm…”

Ahora en España, aunque no tenga con quien dejarla, algo descansé porque si que tendré con quien compartir. Me sentaré cada tarde en el tenis, donde corren y juguetean los niños y charlan las mamis que conozco. Eso será mucho. Y por las mañanas las pasaré con mi madre, 4 ojos para una niña, no está mal. Y tengo la esperanza también que ahí duerma mejor. Más tiempo para mi, por favor, ¡qué lo necesito!

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