Mi hogar y mi tierra, ¿podré unirlos otra vez?

¡Vuelvo a mi tierra!

Ya he comprado los billetes para volar con mi nena a mi tierra junto con mi familia y mi gente. Qué ganas tengo. Cuando embarque habré pasado justo 8 meses en esta tierra extraña. No es mucho pero suficiente como para saber que yo quiero criar mi hija cerca de su familia, de sus abuelos, tíos, primos.

México tiene algo especial. No sé si es la combinación de los fuertes rayos del sol con el aire fresco de montaña, quizás sus tormentas, puede que la amabilidad de la gente, a lo mejor la comida sencilla pero sabrosa.

No lo sé. El caso es que algo flota en el aire que provoca que México sea un lugar agradable de vivir a pesar de la gran contaminación, de todo el ruido, de la cantidad de gente que vive, de las fachadas y los árboles ennegrecidos por el humo, de los suelos rotos y los muchos cables que corren encima de nuestras cabezas. En fin, a pesar de ser una gran y bulliciosa ciudad.

Ahora puedo volver a notarlo. Lo noté la primera noche que dormí aquí. Y ahora. Pero he estado mucho tiempo maldiciendo esta ciudad. Yo creo que hubiese condenado cualquier ciudad porque el problema no era el lugar sino la lejanía y todas sus implicaciones.

Pasarse todo el día sola con una bebé, no tener con quien desahogarse a gusto, vivir un doble proceso de adaptación, por un lado tu pequeña que cada día presenta un aspecto nuevo de su persona, y por otro el empezar a habitar en entorno nuevo y totalmente desconocido.

Ver como crece y se va perdiendo el contacto con los suyos. Nos apuntamos a clases de estimulación para establecer relaciones pero no es lo mismo. Los primeros contactos de un bebé, ahí donde empieza a desarrollar sus capacidades sociales, ha de ser con su entorno familiar más cercano. Y eso lo he sentido cada día conforme mi niña buscaba otras personas más allá de papá y mamá. Porque claro, ¿quien está dispuesto a atender a una bebé desconocida? ¡nadie! ¡Sólo los abuelos, los primos, los tíos!

Tengo muchas ganas de irme y voy contando los días que faltan para embarcar. A pesar de ello un nuevo sentimiento ha crecido en mi enfrentado con el primero. Bueno, no es nuevo, es el mismo que me movió desde tan lejos. Deseo quedarme pues aquí es donde tengo mi hogar con mi nueva familia.

Sí, dos deseos enfrentados, mi hogar y mi tierra. ¿Algún día podré unirlos? Ojalá que sí.

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