Con tranquilidad se vive mejor.

Tenía serias sospechas pero ahora se han confirmado, soy un auténtico desastre como ama de casa. Creo que no seré una de esas mamis que lo tienen todo bajo control, que todo pasa por ellas y que no se les escapa ni una.

Para empezar, a partir de las ocho de la tarde me niego a seguir con el día. Me tumbo a la cama y me dispongo a esperar a que la niña quiera dormir mientras miro las redes sociales. Alrededor de las nueve mi pequeña ya viene pidiendo teta, la toma y se duerme. Y yo sigo ahí descansando. No me importa como haya quedado la casa, me tumbo y no me levanto hasta mañana.

Llevo unos días entusiasmada creando un nuevo blog sobre crianza, apego y porteo. Voy haciendo a ratitos y desde que me he enfrascado en el proyecto me olvido de las cosas. Me olvido de anotar en la lista de la compra. Me olvido de sacar carne o pescado del congelador. Eso sí, de mi hija no me olvido, que es un sol.

Después de escribir el post “No hay excusas” me di cuenta de lo que realmente me repatea, las tareas del hogar. Y más en esta desastrosa casa de la que ya he hablado alguna vez. Es un asco.

Hoy ha cocinado Antonio y mientras se ocupaba de los fogones se iba quejando del dichoso habitáculo. “¡Qué me vas a contar!”.

Pero bueno, desde hace unos días que me lo tomo todo con mucha calma. Y más desde que he empezado con el nuevo blog. Que me agobio, pues me siento un ratito delante del ordenador mientras contemplo mi nena como juega.

Recojo juguetes, busco una foto, friego una trocito de suelo, aplico el filtro a la foto, vuelvo a recoger juguetes, escribo una frase bonita en la foto, lavo platos, repaso las fotos, ¡ui, las doce! Lo dejo todo y preparo la comida. Y así voy haciendo.

Por la tarde, a las cinco, lo dejo todo otra vez y vamos al parque. A la vuelta arrancamos la rutina nocturna. Y así me paso los días.

He establecido que lo importante son tres cosas: la primera, que la niña tenga su plato delante en cada comida, la segunda, que la mierda y el desorden no se acumulen, y la tercera, que a mi pequeña le toque el aire.

Parece ser que este plan funciona, madre e hija están más tranquilas. ¿O será que he empezado a asumir mi destino?

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