¡Por fin!

Hoy, despues de 4 meses y 13 días lo he conseguido. He abierto el grifo y desnuda he dejado que el agua caliente corriera por mi nuca un buen rato. He disfrutado tanto del momento. Mi pequeña se encontraba a mis pies dentro de un enorme barreño lleno de agua y juguetes. Le encanta chapotear con los juguetes. Así que he podido deleitarme con toda la tranquilidad del mundo de una buena ducha. Qué placer.

A decir verdad llevaba más tiempo pues antes de venir a México las duchas eran apuradas bajo la mirada pendiente de mi amor chiquito. La ataba en una hamaca y deprisa y corriendo me enjabonaba y me enjuagaba antes de que arrancara a llorar.

Aquí en México el lavabo es tan pequeño que no cabe ni una triste hamaca. Así que solo me podía duchar cuando Antonio corría por la casa. Lo cual ha implicado que más de una vez he pasado varios días sin proceder. Ya, es de esas cosas que mejor callarse pero es que ha sido muy duro. No poder meterse una buena ducha de buena mañana o cuando a una le apetece es una trastada. Seguro que esto también ha contribuido a mi estado desquiciado.

Confieso que el primer mes de vida de mi nena la cosa fue peor. Pero me ahorraré entrar en detalles de ese momento. Es un tema medio tabú así que mejor será no explicar de más.

El otro día lo comenté a mi querida vecina salva vidas. Le expliqué que deseaba mudarme a un piso con un lavabo decente, entre otras cosas, pero que últimamente este hecho era el que más me pesaba. “¡Ah! Yo ponía a mi bebé en una tina, ahí delante mío, con juguetes. Así se entretenía y yo me duchaba tranquila”. Guau, qué gran idea, como no se me había ocurrido. Dada su extrema amabilidad me regaló dicha tina.

Al día siguiente, super emocionada y entusiasmada me dispuse a poner en práctica el plan. Llené el barreño, tire sus juguetes del bañito, la desnudé, la coloqué y ¡sorpresa! Se puso a llorar. A los dos días volví a intentarlo con la ayuda de Antonio. También lloró. Mi gozo en un pozo.

Hoy Antonio pensó que quizás si cambiabamos de ubicación la bañera improvisada tendríamos éxito. Lo hemos probado y ¡bingo! Las primeras veces la colocabamos dentro de la diminuta ducha y creemos que se sentía encerrada. Hoy entre la ducha y el water. No es muy decoroso pero ¡ha funcionado! Así que manías fuera y ¡ha ducharse como dios manda!

Qué alegría, qué alivio, qué maravilla. Tanto que no he podido evitar el compartirlo a pesar de lo delicado del tema. Tengo ganas de que llegue mañana para poder gozarlo otra vez. 🙂

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