No hay excusas.

Llegamos a casa agotados. Hemos ido a comprar en el supermercado los tres, la niña, él y yo. Hasta hace poco ella iba tan tranquila en la mochila observando el mundo mientras mamá lo recorría. Ahora prefiere explorarlo por si misma. Quiere caminar, recorrer kilómetros y tocar, mejor dicho coger, todo lo encuentra en su deambular.

Me encanta verla. Muchas veces la suelto en medio de la calle y no sé si es por la nueva libertad conquistada, por la cantidad de terreno a explorar que de repente se le presenta, por tener la posibilidad de moverse o un poco de cada pero el caso es que del entusiasmo se emociona, levanta sus brazos y empieza a andar hacia delante dejándome atrás. Y no hay nada que la frene, nada. Ni un bordillo, ni un desnivel, ni un agujero, nada. Ella tira hacia adelante con su entusiasmo y alegría. Y mientras tanto la mamá, osea yo, va siguiendo la niña evitando cualquier desgracia.

En el super cosa se complica. Si en la calle es medio pesado ir apartando todo aquello que le llama la atención ¡imagínate en la gran superfície! ¡La de cosas y cosas que hay para explorar! Y encima una no está solo para atender la niña, también he de comprar, fijarme en los productos, los precios, etc. A veces ella prefiere seguir un camino diferente al mío, otras simplemente se niega a avanzar. En fin, que ahora la compra gorda de la semana se ha convertido en una auténtica aventura de la cual una acaba agotada. E imagino que él también porque no se muestra indiferente a la situación.

En fin, que llegamos a casa cada uno con su cansancio. Era tarde así que se tenía que preparar el bañito, la cena, bañar la pequeña, cenar y ¡a dormir! A parte guardar la comprar que sería lo primero a hacer. También, como ocurre muchas veces, al abrir la puerta nos encontramos con todos los juguetes esparcidos por toda la casa, es decir, por todo el comedor que es la estancia principal. Se tenía que recoger antes de hacer el baño.

Me pongo manos a la obra y mientras estoy en ello me doy cuenta que él se ha sentado delante del ordenador. Bueno, sigo con el ajetreo. Llega el momento de arrancar la rutina nocturna. “Antonio, ¿puedes ir poniendo la mesa?” Como nos ha sobrado un montón de comida del mediodía nos podemos ahorrar el encender los fogones. “Sí, voy” y al ratito se levanta. Hace algo, no recuerdo el qué y vuelve a su pantalla. Yo sigo con lo mío, compra guardada, juguetes recogidos, bañito preparándose. “Antonio, ¿las cosas de la niña ya están limpias?” “Voy”. Suerte que él es el encargado de la cena. Se levanta de nuevo. No recuerdo qué hace y vuelve a su mundo digital. “Antonio, ¿la niña ya puede cenar?” “Voy”. ¡Dios mío! Me encanta la era digital pero ¿quien carajo se la inventó? Por fin pudimos cenar e ir a dormir pero la alegría de ese día se desvaneció. Me desperté amandolo. Me acostaba resentida. Y así me paso la vida.

En un momento dado me dijo que estaba cansado, que había dormido poco la noche pasada. ¿Y? Desde que soy madre sé que eso no es excusa para quedarse embobado delante del ordenador, o de cualquier cosa, cuando hay tareas pendientes y urgentes. Pero parece ser que mi pareja no comparte la misma opinión.

A veces me planteo quedarme quieta, no hacer nada, dejar que la vida en este pequeño rincón del mundo siga sin mi a ver si de este modo él se da cuenta. A ver si se percata que aunque esté cansado la niña sigue necesitando, que aunque esté agotado si a la niña no se la atiende como es debido protesta, que aunque incluso se encuentre fatal la niña sigue estando ahí. Y puedo tirar muchas millas y las tiro, no me queda otra. Y él también tira bastante, la verdad. Pero me fastidia que tenga que descansar cuando no se puede.

Y luego nos acusan de histéricas. El histerismo es la forma, ¿te has preguntado alguna vez por el contenido? Mientras un hombre da un golpe en la mesa una mujer las va soltando una tras otra.

“Es interesante lo que lees? Supongo que será de vital importancia porque sino ya me dirás” y el otro se te queda mirando como diciendo “¿y ahora qué he hecho?”

“¿Qué? Estás bien descansado, ¿verdad? ¡Pues ya puedes espabilar chato!”

“¿Qué dices? ¿Qué no has dormido bien esta noche? ¡Ah! ¡Qué te fuiste a dormir tarde! ¡Ah ya! Claro, durante el día no te dio tiempo a descansar suficiente, no?”

“¿Qué dices? ¿Qué no has dormido bien esta noche? ¡Pues yo me la he pasado de bien! Entre tus ronquidos y dando teta gira vuelta y que te divierta”

Y así, voy sumando para mi nueva fama de mamá histérica.

One Reply to “No hay excusas.”

  1. Ánimo tesoro, tu niña también tiene una energía formidable, solo hay que ver esa preciosa y desafiante cara. Jajaja (miedito) y no debes consentir que imponga su ley, por su bien…Mucha fuerza!!!ya verás como todo comienza a fluir….
    Bendiciones 🌼

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