¡No aguanto más!

¡Hola! Ya ha pasado otra semana. Llevo unos días que me están resultando difíciles. Desde que Iris ha cumplido el año las cosas se han complicado. Por suerte mi pequeña no ha vuelto a morder mi pezon. Solo lo ha hecho durante ese día y alguna vez más. Pero ahora resulta que se dedica a gritar cuando necesita algo. Puede mostrarse alegre, tranquila y de repente ¡aaaaaah! Y no de alegría como hasta hace poco. No se si es que acumula más sueño o qué pero ahora grita por todo. Que no le sale lo que quiere hacer, grita. Que se le niega lo que pide, grita. Que quiere lo que ve, grita. Que quiere suelo, grita. Que quiere brazos, grita. El problema es que ese grito me resulta insoportable, penetra mi oreja y ataca directamente a mis nervios, me crispo, me altero. O quizás es que ya no aguanto más esta ciudad.

A parte ahora me reclama mucho más. Se mueve mucho, ¡ya camina sola! Aunque aún le cuesta mantenerse pero cada vez consigue dar más pasos seguidos. Es muy emocionante y gracioso verla con su andar titubeante. Muchas veces te pide la mano pero al cabo de unos pasos se suelta para aventurarse toda sola.

También ha empezado a jugar a esconderse. Le encanta. Y tenemos dos versiones. Una, la de coger un trozo de tela, ya sea la cortina, un trapo, manta, lo que sea, y taparse la cara. “¿Y mi niña dónde está? Antonio, ¿has visto la niña?” y de repente aparece su rostro con una amplia y luminosa sonrisa. “¡Ah! ¡Aquí está!” y volvemos a repetir hasta que se cansa o encuentra algo que le llame más la atención.

La otra versión requiere más infraestructura. Se esconde tras la silla o la mesa y te provoca de alguna manera para que vayas tras ella. Las frases que usamos son las mismas. Yo creo que con este se divierte más pues llega a reír.

Los libros cada vez le gustan más. Hay dos en concreto que le cautivan especialmente. Uno de la canción “el Joan Petit quan balla” y el otro “Allá en la estación” que resulta ser una canción también.

Entre buscar a la niña y explicarle cuentos me paso el día mientras los platos se acumulan en el fregadero.

Esta semana tenía el billete de vuelta a mi tierra. En un principio no tenía intención de usarlo. Pero al último momento decidí aprovecharlo. Cuando ya tuve la maleta preparada y resultó evidente que me largaba con mi hija me invadió la alegría y me di cuenta que no soporta la casa donde vivimos, ni el barrio, ni la ciudad. Me sabe mal decirlo así pues los mexicanos nos han tratado maravillosamente. Pero ya me he cansado, echo de menos mi tierra, respirar el aire que me ha rodeado siempre, que me ha acompañado toda mi vida. Y me muero porque mi hija crezca ahí, viva, respire, ame esa tierra. Y este rodeada de su gente, de sus primos, de su familia. Creo que esto es lo que más me duele, que mi pequeña no pueda disfrutar de su familia, pero sobretodo de sus primos.

Pues bien, desafortunadamente sigo en México. Me faltaba un simple papel y no pude embarcar. Qué rabia, que desesperación. Paso de enrollarme con esto porque fue patético, lamentable y lo pasé muy mal.

Y para acabar de rematar el panorama ha llegado el frío y con él los mocos. Mi nena esta llena de mocos que no la dejan respirar y por tanto no está durmiendo bien. Llevamos un par de noches que he de aspirar los mocos porque se despierta ahogándose.

En fin, o llega pronto el verano o no se como acabaré.

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