Por el uno has de empezar…

¿Sabéis lo qué es un caminador? Yo hasta hace poco creía que sí pero el otro día descubrí que no. No se si os he explicado que tenemos unos vecinos super amables que tienen una hija de dos años. De tanto en tanto nos picamos a la puerta y charlamos un rato o nos regalamos algo o la niña, que es preciosa, viene a jugar a casa.

Mi hija cuando la oye se vuelve loca y quiere ir con ella. No sé muy bien porqué pues cuando están juntas suelen pelearse por los juguetes. Anteayer por la tarde la oía e insistia en verla. Se paraba en la puerta de entrada y emitía su gemido suplicador mirándome y señalando hacia fuera. Ante su insistencia decidí visitarlos.

En esos momentos se encontraban en casa la abuela, que es una mujer bajita muy agradable que nos invitó a pasar, y la pequeña de la familia. Pues ya nos ves a la mujer y a mi sentadas en el sofá mientras las niñas luchaban por la posesión de un muñeco. Mi nena, inevitablemente, mostró sus nuevas habilidades. “¡Oh! ¡Está a punto de andar!” exclamó la señora, “¿Ya le compraron un andador?” me preguntó. “Pues no, allí en España no usamos andadores” respondí. “¿Ah no?” dijo ella y ahí quedó la cosa.

Al poco ya llegaron los padres y después mi pareja y ya nos fuimos cada uno a nuestros respectivos hogares. En esas que Antonio y yo estábamos a punto de arrancar nuestra rutina nocturna cuando pican a la puerta. Los vecinos. Nos traían un juguete. “Les dejamos esto, nuestra pequeña ya no lo usa”. “Ah, ¡muchas gracias!”. Un aparato grandote con ruedas que cantaba y hablaba “… contar es divertido, por el uno has de empezar…”

Mi pequeña desde el minuto uno que se entusiasma por el juguete. Empieza a tocar botones y se van oyendo ruidos y canciones. También se encienden luces y pienso “buf, un juguete tocahuevos medio inútil de esos”. De repente mi nena se levanta con la ayuda del aparato y empieza a arrastrarlo. Ai, que me parece que lo he subestimado. Sí, sí, mi pequeña empieza a andar y entre el verborrea del artilugio empiezo a oír “¡vamos a caminar!”. He de reconocer que me costó pero al fin caí en la cuenta, ¡los vecinos nos dejaron un caminador!

Pues bien, ayer, que por cierto por la noche le entró sueño antes de tiempo y tuve que comer la cena deprisa y corriendo para acostarla, recorrimos kilómetros y kilómetros dando vueltas y más vueltas por la casa. Nos faltaba espacio. Imagínate si le gustó que el resto de juguetes a penas fueron tocados.

Hoy visitaré de vuelta a los vecinos iré y les explicaré el éxito de su juguete.

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