Papi mola.

Inmigración ha aceptado mi solicitud de residencia pero no han dicho nada respecto a la de mi hija. Fui a ver a la abogada de la universidad a ver que me recomendaba: que me dirija al departamento correspondiente y pregunte por el trámite de mi pequeña antes de pagar el mío. Sería insólito que no la aceptaran. Si sucediera tendría que volver a mi país y otra vez mi nena y su padre pasarían unos meses separados. En esta ocasión sería más fastidioso pues ella cada día está más apegada a él.

Cada día lo requiere más y lo busca más. Cuando vamos los tres juntos por la calle muchas veces pide ir en brazos de papi. Y en casa si él ha de salir por lo que sea ella protesta, quiere tenerlo a su lado.

Recuerdo cuando llegamos a México, después de estar 3 meses separados, mi pequeña se miraba a su padre de una manera tan especial. En esos momentos no le pedía brazos, ni los aceptaba aún, pero sí que lo reclamaba y le echaba miradas y le sonreía medio coqueta, si cabe eso en un bebé. Era asombroso ver como su lenguaje corporal mostraba entusiasmo por su padre y al mismo tiempo prudencia a acercarse a él.

La primera noche se la pasó más o menos cerca de él. Se despertaba, lo miraba y lo tocaba para voltearse enseguida. Yo la veía y veía su sonrisa y su carita de complacencia. Y pensaba “él no lo sabe, no se percata, pero ella está encantada de reencontrarse con su padre”. Nunca antes le había visto esa actitud con otra persona.

Antes de que él partiera hacia México habían empezado a interactuar. El jugaba con ella y ella se reía mucho con él. Durante los tres primeros meses apenas tuvieron contacto. Ella sólo quería mami y yo no permitía que nadie, ni tan si quiera el padre, la cogiera si detectaba malestar en ella. Me gane alguna que otra bronca por ello pero no me importaba. Mi hija era y es mi prioridad máxima. Mi madre me reprochaba “¡pero es su padre, tiene derecho!”. No la contestaba. Me limitaba a seguir con la misma pauta. Pensaba “ante un bebé los derechos no tienen cabida. Lo primero es la criatura y todo lo demás puede esperar”. Así lo sentía y así actuaba.

A partir del cuarto mes detecté que mi hija empezó a tomar interés por su padre y ahí empezaron a interactuar. Antonio estaba encantado de pasar un rato con su hija, hacerla reír, y darle mimos. Y esos ratitos poco a poco se iban prolongado más. Hasta que se tuvo que ir. Creo que ella lo echó de menos bastante. A mí hija le encanta su padre, está loca por él. Imagínate separarlos otra vez. Hablando claramente y sin tapujos, sería una putada.

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