No siempre se puede.

Son las cinco de la mañana. Mi hija lleva un buen rato despierta. He estado intentando dormirla hasta que ha empezado a protestar. He encendido la lámparita y ahora la tengo jugando con la ropa que se encontraba a medio plegar. Creo que no tiene sueño.

Mientras escribo me mira, sonríe y sigue a lo suyo. Ayer por la tarde hizo una macro siesta de tres pares de narices. ¿Quizás por eso ahora no tiene sueño? Lo estoy haciendo pero no me agrada usar la tablet delante de ella.

Son las 5:55. Hora bien curiosa. Ahora estamos mi niña y yo en el comedor, ella con sus juguetes y yo de nuevo con la tablet. Se cansó rápido de la ropa. Intenté dormirla otra vez. No hubo manera. Cada vez se mostraba más inquieta. Así que finalmente me levanté, la cogí, la dejé con sus juguetes y yo me puse a faenar. Ya me ves a las cinco y pico de la mañana haciendo tareas del hogar. Hasta que me he cansado. No son horas.

Mi nena ya vuelve a mi. Creo que no podré seguir.

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