México es una locura.

México es una locura. Ayer salimos a las 10:00 de la mañana para hacer una sencilla gestión y llegamos de vuelta a casa a las 16:15 de la tarde. Al destino llegamos a las 13 horas. ¡3 horas de viaje!

Vale, nos perdimos, pero aún así es mucho tiempo. Primero cogimos un autobús, después el metro, y por último teníamos que coger otro bus. Uno en concreto, con destino “La Salle”. En la unión de la parada de metro y de los buses había un montón de ellos con una barbaridad de destinos diferentes.Caminamos un buen rato buscando el nuestro. Nada, ese bus parecía no existir.

Decidimos preguntar. ¡Ai! Gran error. Mejor hubiésemos seguido buscando. Uno nos mandaba hacia un lado, llegábamos ahí y otro nos mandaba hacia el otro lado. Finalmente un hombre nos dijo, después de dudar un buen rato, “suban en este”.

Subimos e hicimos mal. Antonio preguntó a una señora que viajaba con nosotros. “Ui, no, este no os deja a dónde queréis ir. Mira, ahora cuando voltee el estadio bajáis y tomáis uno que pone “Torres”. Ese muere en vuestro destino.” OK, bajamos donde nos indicó tan amablemente la señora. Y nos dispusimos a esperar.

No sé cuántos autobuses pasaron pero ninguno ponía “Torres”.Decidimos preguntar de nuevo y de vuelta nos marearon. ¡Dios mío! Estos señores conductores no tienen ni idea. Solo conocen su ruta, y lo que no saben se lo inventan.

Desesperados paramos un taxi “a la rectoría de la UAM, por favor” “¿Dónde queda esto?”. ¿De verdad que ni tan siquiera un taxista lo sabe? Después de no sé cuántas vueltas en el vehículo por fin llegamos a destino.

Como ya eran pasadas la una comimos en el comedor del rectorado una vez hecha la dichosa gestión. Que el motivo de esta también manda huevos. Esta última quincena no hemos podido cobrar pues han bloqueado la cuenta bancaria porque han de comprobar que Antonio, el titular, reside donde indicó en su día. Ha de venir un hombre a casa y mientras tanto apañate.

Después de comer preguntamos dónde tomar un bus de regreso. Lo preguntamos varias veces y ahí todos coincidieron, “han de coger el que pasa por la avenida, el CU”. Por suerte el camino de regreso no hubo grandes incidentes. Tardamos algo más de dos horas. Qué barbaridad. Iris aguantó bastante bien el tipo desde su mochila. Eso sí, a las siete de la tarde ya estaba muerta de sueño.

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