¿Tendrá suficiente estímulo?

Que increíblemente mona mi nena. Y como se nos cae la baba a los padres con cualquier tontería. Ayer nos pasamos prácticamente todo el día en casa. Lo necesitaba. Y creo que ella también. Además me dediqué poco a las tareas domésticas y mucho a las del nuevo curso. Mientras iba mirando y leyendo mi nena jugaba cerca de mis pies con sus juguetes y sus cosas. A veces se quedaba un buen rato intentando hacer algo como poner un objeto dentro de otro, otras veces empezaba a dar golpes con el objeto y de vez en cuando interactuaba conmigo.

Entre sus juguetes corre un gorrito de una muñeca, de su muñeca, la única que tiene. En un momento dado me lo ofrece, o me lo enseña, no sé muy bien qué significa ese gesto que hace a menudo de alargar el brazo con algo en la mano. Lo cojo y me lo pongo en la cabeza. Ella empieza a reír. Y cada vez que hacía el gesto ella reía. Entonces le devuelvo el gorrito y ella intenta ponérselo. ¡Aish! ¡Qué me la como! Dada su poca habilidad se le cae. Coge otra cosa y también intenta ponérsela en la cabeza. Y así estuvo un buen rato. Intentando ponerse algo en la cabeza. Al verla de esa guisa me muero.

Lleva un tiempo que empieza a imitar. O, al menos, a intentarlo. A veces me siento con ella para mostrarle cómo funciona cierto juguete. Ella lo intenta una o dos veces y se retira. Creo que aún son muy difíciles. Tiene uno que se trata de poner piezas por diferentes agujeros según la forma. Por la parte inferior del mismo hay una agujero para poder sacar todas las piezas colocadas. Pues bien, ella lo intenta primero por el agujero correcto y cuando ve que no puede le da la vuelta, introduce todas las piezas por debajo y ya, se queda tan feliz. A por otra cosa.

Pero a lo que más se dedica ahora es ponerse de pie con la ayuda de alguna silla y arrastrarla. ¡El pobre vecino de abajo debe estar más contento!

A ratos se pone como si me charlara de no sé qué porque no se le entiende nada. Eso sí, gesticula con las manos y todo. Y sonríe, y grita. Pero en la calle cuando la gente le habla se queda seria, muda y mirando fijamente muy seria. Así como en mi pueblo todo el mundo decía “¡qué simpática!”, aquí la frase es “qué sería”. No sé si es que eche de menos la gente de allí, o a su abuela y la familia que ha dejado atrás, o que la gente aquí es muy diferente. Lo que me tranquiliza un poco es que con nosotros se muestra bien. Nos sonríe e interactúa. Y a su padre le hace miraditas y todo. Ah, y ya gatea del todo, quiero decir que ya no se arrastra por el suelo como hacía hasta hace poco.

Me planteo comprar más juguetes. Este es todo un tema. Parece ser que muchos padres tienden a inundar a sus pequeños de juguetes. Un comportamiento contraproducente del que no me gustaría pecar. Es algo que veo claro. Pero cuando advierto a mi hija deambular por la casa me pregunto si tendrá suficiente estímulo. Como si el hecho de no tenerlo pudiera provocar que se quedara tonta o atrasada. En un intento de calmarme pienso en los niños de antes que no tenían ni la mitad de la mitad de los juguetes de ahora. Entonces mi propia cabeza me replica que tenían otra cosa muy importante que ahora escasea: ¡naturaleza! Dios mío, en lugar de tranquilizarme me alarmo más. Por eso creo que me atrae tanto montessori y la leo siempre que puedo. Como habla de los estímulos y del ambiente que necesitan para el buen desarrollo.

Creo que voy a leer un poco más de montessori que me preocupa mi niña.

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