La amabilidad de los mexicanos.

A decir verdad México es fantástico. En mi pueblo siempre que salía a la calle encontraba con quien hablar y este era uno de mis recelos al venir aquí, que el mundo desapareciera entre la muchedumbre. Así que es una magnífica sorpresa el comprobar que cada vez que salgo a la calle consigo intercambiar, como mínimo, cuatro palabras con alguien. En el bus, en una cola

El lunes por la mañana fuimos a inmigración. Encontramos una cola interminable. Pero tuve la gran suerte de tener delante una mexicana con quien charlar un rato. Ayer mi pareja empezó a trabajar de nuevo después del terremoto que han estado parados mientras comprobaban el estado de las instalaciones. Así que por primera vez cogí sola un autobús. Bueno, sola de hecho no, me acompañaba como siempre mi nena. Iba medio acojonada. Pues bien, no solo tuve indicaciones que además me raga la ron una agradable conversación.

No es exactamente como en mi pueblo donde podía entablar conversaciones más o menos interesantes porque allí ya conocía la gente pero algo es algo.

Y es que hace tanto bien encontrar una palabra amable, una sonrisa. Te puede cambiar el humor en un momento y alegrarte el resto del día. Es una especie de terapia que descubrí hace tiempo.

Antes en mis momentos oscuros me aislaba en casa cerrada en la habitación, normalmente tirada en la cama. Y ahí me podía pasar horas y horas hundiendome en la misèria de mi alma. Me psicoanalizaba y me compadecía de mi desgracia. Hasta que un día me percaté con que facilidad la gente era capaz de arrancarme una sonrisa. Desde entonces cuando las nubes oscuras amenazan mi pensamiento cojo la puerta y salgo a la calle.

Además, aquí en México la gente es tan amable. A veces me cuesta creer que sea una ciudad tan peligrosa como dicen. Siempre que necesito ayuda aparece alguien dispuesto. Y en el transporte público nunca voy de pie. Claro que la mayoría de veces es por la bebé, como por ejemplo los asientos cedidos. Pero aun así, en mi tierra, ni cargando con mi pequeña, no obtenía ni la mitad de atención. Allí uno de los valores sociales predominante es la individualidad. Que cada uno se espabile por y para su cuenta. Aquí no, aquí valoran mucho la amabilidad. No sé si hablan de tolerancia y esas cosas como en Europa. No los conozco suficiente. Lo que sí he podido vivir es que lo practican, forma parte de su cultura, lo tienen arraigado en su sangre. Y es que los valores humanos se han mamar, no predicar.

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