Los estragos del llanto silenciado.

Hoy estoy conmocionada por las circunstancias de mi país. Unos queriendo votar y otros requisando votos en nombre de la democracia. Esto último me recuerda a aquellos que disparan en nombre de la paz, o los que hacen la guerra en nombre de Dios.

Tengo la sensación que hay gente que, por desgracia, se les privó la oportunidad de vivenciar los valores que nos une y nos configura como humanos. La democracia representa la fraternidad, la cooperación, el entendimiento, el diálogo, el acuerdo. Creo que la mitad de la humanidad vive sin tenerlos integrados y los apela a base de ostias y represión; que fue, seguramente, lo que aprendieron de chiquitos.

Somos seres sociales y desde nuestra integridad y autonomía nos relacionamos y nos necesitamos. Cooperamos, nos organizamos y somos capaces de enormes hazañas.

El motor de la humanidad es el afecto, la fraternidad. Es lo que nos une de verdad, lo que nos mueve a pelear y a luchar por el otro, lo que nos inscita a hincar el codo para crear una sociedad mejor e incluso un mundo mejor, lo que engendra el progreso. Pero por desgracia cada día son demasiados los niños que son mutilados emocionalmente. Y cada día podemos ver o padecer sus consecuencias.

Hay quien niega este hecho, es duro percatarse del daño sufrido a pesar de todo el amor del mundo.

Amamos a nuestros hijos. Deseamos lo mejor para ellos. Es más, nuestras vísceras no soportan ni un ápice de dolor en nuestros retoños. A pesar de nuestras carencias y dificultades obramos y nos sacrificamos para darles lo mejor. A pesar de ello muchas veces, demasiadas veces, ese mejor daña profundamente la persona. Y nuestras vísceras, nuestro amor, nuestro afán de protección no nos lo deja ver. Y el daño se perpetúa generación tras generación.

Con lágrimas en los ojos escribo estas palabras. Lágrimas derramadas por mi hija ¿conseguiré darle un futuro mejor que el mío? ¿Conseguiré evitarle la mitad del sufrimiento padecido? Lágrimas derramadas por mis padres. Ellos también me amaron, también se ilusionaron, también se sintieron dichosos e hicieron sacrificios en pos de mi bienestar y de mis hermanos. Lágrimas por los que unidos resistieron y lucharon por su integridad. Lágrimas por los que aporreaban que no tuvieron la oportunidad de conocer lo que es la verdadera fraternidad. Sus golpes me lo mostraba.

Necesitamos más humanidad y no se consigue a base de discursos y buenas acciones. Esta visto que no. Muchas ONG’s y muchas palabras cohabitando con lo más ruin lo demuestran ya hace demasiado tiempo.

La humanidad se crea viviendo desde la más tierna infancia el respeto, el amor, el contacto. La humanidad se crea evitando ese llanto desgarrador que sufren demasiados bebés.

Hoy estoy conmocionada al ver, una vez más, los estragos del llanto silenciado.

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