Por suerte llegaron los muebles.

Buf, qué difícil me está resultando escribir últimamente. Entre que mi pareja se levanta temprano, Iris se despierta antes de lo habitual, y tengo mi cabeza abarrotada de tareas pendientes, que llega el amanecer y me cuesta expresar mis últimas vivencias y sensaciones maternales.

En contraste a mi forma de ser previa al embarazo, siento una imperiosa necesidad de tenerlo todo organizado, ordenado y controlado. Ya he hablado de las rutinas en algún otro post y como me facilitan la vida de ser madre. Aquí aún no he conseguido establecerlas y me perturba no saber a qué atenderme. Por otro lado la falta de muebles para guardar y la falta de organización de nuestras pertenencias me altera.

Me pongo rígida y me crispo fácilmente. Con lo cual mi pareja se agobia y me atosiga. Y discutimos. Y el ambiente se tensa. Y por las noches, sus ruidos al dormir no ayudan. En condiciones normales duermo muy a gusto junto a él. Pero en circunstancias adversas es un suplicio.

Por suerte este fin de semana llegó el primer mueble que nos facilitará la vida en este sentido: un bufet. Ha llegado junto a una mesa y cuatro silla en combinación. Como resulta ser un mueble bajo con cajones y estantes ha servido básicamente para colocar los juguetes. Y en uno de los cajones he podido guardar papeles y documentos que corrían alborotando la casa.

Ahora la estancia principal se ve más despejada con lo cual mi ánimo y mi mente respiran mejor. Además lo hemos dispuesto de manera que puedo controlar perfectamente a mi pequeña desde la cocina mientras ella juega en el comedor.

Así que el día de ayer fue bastante gratificante. Mientras limpiaba los platos y cocinaba la observaba como se concentraba en su juguete favorito, el de colocar piezas según su forma por diferentes agujeros. A ratos, sosteniéndose en una silla, se ponía de pie y empezaba a arrastrar la misma silla. Me encanta contemplarla atareada en sus pequeñas cosas.

De vez en cuando nuestras miradas se cruzaban. Entonces ella me sonreía ampliamente y gritaba de alegría. Qué bonito ver como cada día va desplegando su persona. Como cada día avanza un poquito en sus habilidades, cada día se muestra más espabilada, más consciente. Interactúa más, te busca, te provoca. ¡Y se le esta poniendo cara de pilla con mirada socarrona!

A veces me pregunto de dónde habrá venido, de dónde ha salido. Sí, de acuerdo, mi óvulo, su espermatozoide, en mi vientre se gesta y yo la dí a luz. Pero toda esta historia no responde mi asombro. Es sorprendente que mi cuerpo haya podido crear un ser. Una criatura que siente, que muestra sus preferencias. Cuando todo está bien sonríe. Cuando algo le gusta se emociona. Cuando come escoge la comida. Cuando no consigue lo que quiere protesta. Cuando se cansa de que la mantenga parada se agita. Cuando se aburre grita para llamar la atención. Cuando está contenta bota. Cuando algo se interpone en su camino lo aparta.

Sí, son comportamientos bastante comunes. Pero no me explico que, simplemente, haya salido de mis entrañas.

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