Mis 7 primeras impresiones de México.

Sigo encontrándome fatal. Mi hermana dice que quizás sea que me está saliendo todo el estrés acumulado. Es posible. Eso sí, la llegada a DF fue una alegría. Aterrizamos el jueves a las 7:30, más o menos. Me reencontré con Antonio, él se reencontró con su hija. Cenamos juntos. Fuimos a nuestro nuevo hogar. Dormimos muy a gusto en el king size. Y al día siguiente lo pasamos muy bien visitando la universidad y comprando comida.

Solo llegar a México tuve muchas impresiones, positivas y negativas. Al llegar a casa, en cuanto pude, hice una lista de ellas. Me gustaría compartirlas.

Quizás el post de hoy sea el menos relacionado con la maternidad. Aun así me gustaría expresar mis primeras percepciones. Empezaré con las positivas. Encontré una ciudad que no era bonita pero que, no sé muy bien porque, me enamoró. Fue amor a primera vista. Quizás los primeros impactos tuvieron algo que ver.

La amabilidad. Como Antonio venía a recogerme en el aeropuerto y fui ajustada de tiempo en los preparativos de última hora no cambié euros por pesos antes de partir. Al llegar me encontré con una máquina que pedía dinero para poder coger un carrito. “¿Cómo?” Me alarmé. ¡No llevaba ni un triste peso! ¡E iba cargada con tres maletas, un cochecito y una bebé! Preguntando me entero que si salía para cambiar la moneda no podía volver a entrar a buscar las maletas. “¡Dios mío! ¿Ahora qué hago?”. Imagino que el hombre que me informó me vio apurada y me dio un billete “Tome. Veo que va con un bebé. Coja un carrito”. Este fue el primer gesto amable que me regaló México. En pocos días han llegado muchos más. En el transporte público no he ido nunca de pie, por ejemplo.

El tiempo. Lo primero que noté al llegar fue el aire fresco que corre por la ciudad. Qué maravilla. Aquí no hace calor. Bueno, aún no he vivido el sol mexicano. Pero sé, que las noches son siempre frescas. Con eso me conformo. 🙂

La comida. Ya en el avión nos dieron un caramelo con un sabor extraño para el paladar europeo. Delicioso, como todos los bocados que han ido llegando después.

La música. Este es un tema importante para mi. Puede determinar si me gusta o no cierto lugar. Necesito oír música que me agrade. De entrada México me encantó. En el puesto donde cenamos sonaba ritmos discotequeros que me resultaban familiares y agradables. En el taxi que nos llevó a casa se oía rock del bueno. Genial. De momento México me gusta más que Sevilla (ciudad preciosa), donde sólo oyes sevillanas cuando andas por la calle.

Los colchones tamaño king. Desde el instante en que Antonio me habló de ellos supe que me encantaría y así ha sido. Si algún día vuelvo a Europa ¿puedo llevarme uno? No entiendo porque los hay ahí.

No hay mosquitos. Bueno, dicen que sí los hay. Pero pasada la primera noche con la ventana abierta me di cuenta que ¡no oí ningún zumbido! Y mi pequeña ¡no lucía ninguna picadura nueva! Además llevo poco y aún no los he visto. Sólo con eso la situación es mil veces mejor que la de mi pueblo.

Las viviendas bajas. Ya desde el taxi, donde iba yo observando todo, vi que, a pesar de ser una gran ciudad, las construcciones eran bajitas. Sí hay edificios altos pero no son mayoría en absoluto. En casi todas las zonas que he ido viendo las viviendas no pasan de tres plantas y eso me encantó desde el primer momento. La sensación de estar encerrado disminuye considerablemente.

😀

Si te ha gustado el post de hoy dale al “Me gusta”. Y si lo deseas puedes compartir. Así todos lo podremos disfrutar mucho más. 😉

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s