La echaré de menos.

Ayer, después de esclarecer mis verdaderos sentimientos hacia las peticiones de Iris llevé mucho mejor el día. Me sentí más ligera, con menos carga emocional. Sus requerimientos ya no me molestaba ni me inquietaba tanto. Cosa que me permitió compaginar mejor el poder atenderla satisfactoriamente con otras tareas. Incluso me sentía más tranquila cuando la cogía otra persona.

El no querer reconocer que a veces me cansaba de ella me provocaba, paradójicamente, estar más apegada, más pendiente, aunque no más atenta. Como es la mente, eh?

Por la noche le costó un poco dormirse. Cuando al fin lo logró en la mochila tiró su cabeza hacia atrás apoyándola en mi brazo y dejando su carita despejada mirando hacia mi. Me quedé ahí un buen rato mirándola. Tenía los ojos cerrados respirando con cierta profundidad y sus finos labios sellados. Qué bonita es. Y cómo ha crecido. Con lo chiquita que era. Parece mentira. Recuerdo que me la ponía encima de mi pecho y no sobresalía por ningún lado. Se quedaba ahí como una bolita.

Echo de menos esa Iris. Aunque no el momento. Fue duro. El primer mes de su vida no lo pasé bien. Pero a ella la echo de menos. Y ayer mientras la contemplaba pensaba que va a crecer y que ya no será más esta cosita, pequeña, tierna. Y la echaré de menos también. Será una niña pequeña y echaré de menos el bebé que tengo ahora. Y cuando sea una niña mayor echaré de menos a la pequeña. Y cuando llegue a la pubertad echaré de menos a la niña. Y un día será mujer. Y la echaré de menos.

Es tan bonita. Con sus gritos, sus ruiditos y sus balbuceos, su manita. Que a veces la mueve como si estuviera dando un discurso. Sus piernas con sus muslos grandotes. Sus ojos abiertos y atentos. Vendrán nuevas etapas y también serán bonitas. E iré conociendo diferentes Iris. Pero si pudiera me las quedaría todas. Al mismo tiempo.

Me encanta cogerla y apretujarla, achucharla. Besarla y acariciarla. A veces le paso mis dedos suavemente por su rostro y ella se entrega a la caricia. Me gusta hacerla reír. De vez en cuando hago cualquier tonteria y empieza a reír. El otro día se reía cuando movía la lámpara de la mesita de noche. La agitaba y ella soltaba una sonora carcajada. Y también se ríe mucho cuando hago como si la comiera. Y empieza a tener cosquillas.

Hoy siento que la quiero más. Es dura la maternidad pero tan bonita, tan especial. Y cuanto más me entrego a ella más bonita me resulta . Y más la gozo y me alegra. El primer mes fue duro. Después, casi de golpe, se aligeró la cosa. Y conforme va pasando el tiempo cada vez la disfruto más.

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