Los giros del destino.

Son las 3:09 de la mañana y mi pequeña no acaba de dormirse del todo. Ha estado mamando un montón. Tanto que me he desvelado. Lleva unas noches que mama mucho aunque no tanto como hoy. No se si será el calor o que durante el día está mamando menos y ha de compensar. Bueno, ahora que parece que aguanta dormida aprovecharé para escribir en el diario mientras chateo un poco con mi chico.

¡Es que ha sucedido algo muy esperado en estos últimos días! ¡Ya lo tengo! ¡Ya ha llegado! Ya he recibido el documento que me faltaba para poder viajar con mi hija: el permiso del padre. Qué emoción. Siguiente paso, comprar los billetes de avión.

Preparar las maletas, decidir qué me llevo y qué dejo, gestionar más papeles. ¡Qué nervios! No se si estoy triste o contenta, si tengo ganas de ir o de quedarme, si tengo miedo o ya no me importa.

La verdad es que es impresionante un viaje tan largo. Las circunstancias de la vida me han llevado a viajar muy poco. Y el más largo fue de 3 horas. Así que este es toda una odisea. Una barbaridad de horas dando vueltas por el mundo, además con escala quién sabe dónde y una niña que a ver como reaccionará. Y, para acabar de rematar, me voy sin fecha de retorno.

Muchas veces he oído una frase que nunca se aplicaba en mi caso: “la vida da muchas vueltas”. Y pensaba, “pues la mía está bien quietecita…”. Aburrida no era. Hacía y me pasaban cosas. Salía por ahí, siempre conocía gente nueva, siempre tenía en la cabeza algún proyecto o alguna historia para organizar, como obras de teatro, eventos, estudiar algún curso o empezar una carrera. Aunque fuera simplemente organizar una fiesta. Vamos, que me movía. No paraba quieta. Pero siempre con una estabilidad de fondo. El mismo lugar de residencia, el mismo pueblo, más o menos la misma gente, mi familia permanecía ahí cerca. Mucho movimiento pero nada de vueltas.

Y ahora me han venido todas de golpe. El verano del 2015 trabajaba en un chiringuito, es lo último que viví con normalidad. Conocí a mi pareja actual y a partir de ahí mi vida ya no ha sido igual. Me mudé a una casita que era la envidia del pueblo. El se vino a vivir casi sin avisar. Al mes ya estaba embarazada. Circunstancias no tan alentadoras se sucedieron. Mi padre no pudo conocer mi pequeña. Y ahora me voy.

Me siento, básicamente, a la expectativa. Mi existencia ha dado un giro de, pongamos, 180 grados. Además, cada día de madrugada cojo una tablet y me pongo a escribir acerca de mi vida. ¡Toma ya! Me lo llegan a decir hace un mes y mando a la mierda la persona. No es por echarme flores pero me tengo alucinada. 1. Estoy manteniendo un ritmo diario. Flipo. Claro que aún no he cumplido un mes pero con lo inconstante que he llegado a ser ya he logrado una auténtica proeza. 2. Además de madrugada. Bueno, puede parecer más espectacular este hecho pero en mi caso no lo es. Toda mi vida me he despertado de madrugada y en muchas de ellas he aprovechado para hacer cosas. Eso sí, siempre desde la cama. Y, si el trabajo me lo permite, vuelvo a dormir. 3. ¡Estoy escribiendo y publicando! Y para más inri ¡sobre mi vida! Esto sí que me tiene totalmente fascinada. Con lo reservada que he llegado a ser. Claro que de mi entorno no lo sabe prácticamente nadie. Me muero de vergüenza.

En fin, a ver qué me depara el destino. Iris sigue pidiendo teta. Creo que el post de hoy va a ser más corto. ¡Hasta mañana!

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