No lo he vuelto a considerar.

Buenos días. ¡Qué tarde es hoy! Son las 7:03, no se si me dará tiempo de escribir el post. A estas horas Iris empieza a pedir teta de nuevo hasta que despierta del todo. De todas formas voy a intentarlo.

Recién me he dado cuenta que no os he explicado lo que nos dijo el médico la semana pasada. Resumiendo, he de estar todo el mes sin lácteos. Todo apunta que el problema es este. Desde hace dos semanas que ya no tenemos vómitos. Ayer por la tarde me atreví darle una ciruela sin triturar. ¡No vomitó! Creo que ya es oficial, mi niña ha empezado a comer.

Qué ilusión y qué descanso. Será sacrificado no tomar leche ni comer nada de lácteos ni derivados. En cada comida algo caía. Una vaso de leche o cereales con leche para desayunar, un yogur o flan o natillas de postre al mediodía, jamón dulce, que contiene trazos, o mantequilla y mermelada para merendar y para cenar muy posiblemente me tragaba otro yogurt. A parte siempre apetecía algún helado, chocolate, bollería, queso, pizza, etc. En fin, que mi cuerpo la va a agradecer.

No solo mi cuerpo. Valdrá la pena el sacrificio por el alivio que supone que no devuelva más. Por lo que ensucia y, sobretodo, por ella. Me preocupaba tanto vómito, si era normal o no, si padecía alguna enfermedad, si se sentía mal. No lo parecía, pero claro, como saberlo.

De más chiquita era a diario, dos o tres veces o incluso 4. Por la mañana, tarde y noche. Me vomitaba encima, ensuciaba su ropa, el suelo, las sábanas, mantas, muebles. Durante el primer trimestre lo pasé en un balancín dándole el pecho. El pobre ha quedado bien bonito.

A mi me inquietaba mucho pero a ella, realmente, no parecía importarle. Más de una vez mientras mamaba levantaba su cabecita, ponía una cara rara y vomitaba. Mi pecho quedaba cubierto de esa cosa apestosa. Que grato, ¿eh? Ya veis, la maternidad también tiene momentos desagradables. Aún así ella se enganchaba de nuevo a la teta como si nada. Sí, hasta a mí me llegó a dar asco. Lo peor era cuando se quedaba dormida mientras yo reaccioba. “¡Vaya! ¿Y ahora qué hago? ¿La despierto con lo que me ha costado dormirse?”. Era todo un dilema.

Hubo una noche que se la pasó vomitando. Imaginaos, niña prácticamente dormida aún chupeteando el pecho. Quedaba poquito para ponerla en la cama. De repente levanta la cabeza y yo, que para aquel entonces ya reaccionaba, la inclino y vomita en el suelo. “Bueno, ahora lo recojo, que está a punto de quedarse grogui del todo”. La balanceo un poco más, voy a acostarla y se despierta. Sin vacilar ni un segundo la vuelvo a balancear, que no se despierte más porque sino será peor. Y repetimos secuencia. De nuevo levanta cabeza, de nuevo la inclino, vomita, balanceo un poco más, cama, se despierta. No se cuantas veces se dió la misma escena pero el suelo, con el rollo de que ya se duerme, quedó hecho un auténtico asco. Creo que lo ensució todo.

No os penséis que por vomitar no quiera seguir con el pecho, no, no. Eso lo aprendí bien una noche durante el primer mes. Estaba mamando, levanta cabeza y vomita. Con lo poca cosa que era no veas cuánto líquido podía llegar a devolver. Era de sus primeros vómitos. Claro, inocente de mi, consideré que no querría seguir mamando. Pensando en la lógica de adultos es lo normal. ¿Si vomitas estas para comer? No, no? Pues eso. Pero resulta que la lógica bebé es completamente diferente. Y eso lo has de aprender. Ella seguía despierta así que proseguí con el balanceo, pero sin pecho. Al poco empieza a llorar. Y yo a consolar. Caminando, con shhhshshhsh…., cantando, meciendo, salgo de la habitación, pasillo arriba pasillo abajo, me la pongo en mochila cesa unos segundos para volver a empezar. Desesperada llamo la puerta de mi madre. “Qué no hay manera, qué no para de llorar”. La puso boca abajo y paró . “oh! Gracias mama”. Vuelve a su habitación y yo me quedo ahí contemplando a mi pequeña y ¿qué hace? Arranca de nuevo su lamento. Vuelvo a empezar. Balanceo, vueltas por la habitación, shhhshshhsh, lalalalalala, caminatas por el pasillo, mochila. Pico la puerta de mi madre, “otra vez y el estar boca abajo ya no le calma”. Lo probé varias veces. “Pues no se, ¿has probado de darle pecho?” “No, es que ha vomitado mucho, no creo que quiera más pecho.” “Pruébalo, no se, por probar no pierdes nada”, “ok”. Me lo destapo, la acerco y ¡qué rápido se enganchó a él! Empezó a mamar con fuerza. Pobre, estaba desesperada. Dios mío. No lo volví a considerar. Por más que devolviera siempre le he vuelto a dar teta y casi siempre me la ha cogido.

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