Cuando me lloriquea.

Este sábado por la tarde me compré una tablet. Muy chula. Llevaba un tiempo deseándola pues la que usaba, primero no es mía y segundo, como una buena Samsung, empezaba a fallar. A parte tiene poca memoria.

Decidí no escatimar dinero. Como ahora soy una mami bloguera y mi herramienta principal es la tablet ya que el ordenador y la niña no son compatibles, deseaba comprar una bien buena y bonita. Y así lo hice. Me encanta mi tablet nueva.

Pasé prácticamente toda la tarde fuera. Con la nueva adquisición me sentía entusiasmada como una niña pequeña el día de reyes. Pero llegamos a casa cerca las nueve. Con lo cual tuve que cambiar la niña, ponerle el pijama, teta y dormir. Yo me dormí a las diez aproximadamente rendida de sueño. ¡Oh! no pude disfrutar de mi nuevo juguete.

Al día siguiente, osea, ayer domingo, me sentía ansiosa por abrir la caja. Decidí hacerlo en cuanto tuviera un rato. Nos levantamos, desayuné, cambié la niña, me puse el bikini y fuimos a la piscina. Al volver después de tender la ropa mojada ya no pude contenerme más. Dejé la niña en la habitación en la zona de juego con sus juguetes y me dispuse a abrir el paquete. Aish, qué nervios.

Cogí mi tablet. Es muy fina y se nota el precio. Hice fotos a Iris, chateé un poco y me entusiasme más. Me pasé prácticamente todo el domingo con la tableta. No sin sus consecuencias. Iba atendiendo a mi hija mientras configuraba el aparato. Entre brazos y pecho descargaba programas y ajustaba los parámetros.

Después de comer intenté dormir la niña. A parte de que era la hora de la siesta veía indicios de sueño en ella. Lo intenté usando la mochila. Pero no había manera. Se quejaba señalando hacia la pared donde se encuentra la cama. Ahí también hay un cable que sobresale por un lado del catre. Yo interpretaba que lo deseaba. “No Iris, que eso es peligroso”. Pero ella insistía e incluso lloriqueaba así que la volvía a dejar en su zona de juego.

Mientras jugaba la veía bien, me mostraba sus juguetes, sonreía, de vez en cuando me pedía brazos. Bien, lo que viene haciendo últimamente. También mostraba sueño. Así que se repetía la situación ya descrita. Finalmente llegó la hora de merendar. Después bañito y a la calle.

Fuimos al tenis donde se encontraba mi madre. Como siempre sonreía a la gente, la saludaba, si la dejaba en el suelo se arrastraba, jugaba con los juguetes, se agitaba, no paraba quieta, pero también mostraba cierta inquietud y seguía manifestando sueño.

Cerca de las nueve volvimos a casa. Pijama, teta y dormir. Estando ella ya dormida caí en la cuenta. ¡No quería el cable! ¡Quería hacer teta y dormir en la cama! Pues no era la primera vez que presentaba ese comportamiento. Y la solución fue esa, hacer teta en la cama. Necesité quedarme tranquila y relajada, sin tableta ni nada, para advertirlo. Con lo cual me sentí fatal. Con razón tenía tanto sueño. Mi entusiasmo por el artilugio nuevo superó mi nivel de atención hacia la bebé.

Gracias a ello reflexioné en la importancia de estar siempre presente, siempre bien centrada en la criatura, mantener un ritmo suave con el mínimo de distracciones posible. Por eso no soy capaz de escribir cuando ella está despierta. Y una vez más lo he comprobado. La única actividad que me permite mantener un buen nivel de atención hacia la niña son las tareas del hogar, limpiar, barrer, fregar, plegar ropa, poner lavadora, ordenar e incluso cocinar. Pero cuando entra en acción la parte intelectual de la mente, mal. La niña acaba lloriqueando en algún momento del día cosa que en los otros no hace.

Y a vosotras ¿os lloriquean vuestros bebés? ¿Cuándo lo hacen?

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