¿Será el síndrome del nido?

Ostras, el post de ayer lo escribí en caliente. Qué peligro. Más tarde, una vez publicado, me lo replantee. Finalmente decidí no tocar nada. Aún así no las tengo todas. Suerte que mi chico no se lo ha tomado mal.

Me ha enviado un montón de fotos del bichito. En realidad es súper mono, el animal, y mi nene también. De hecho ya me lo advirtió antes de irse. Es más, lleva bastante tiempo deseando tener animales. Yo diría que desde que lo conocí. Le encantan. Yo creo que hubiese preferido comprar un perro. Pero sabe que ahí sí que me fastidiaría. Entre el perro y la niña rematarían mi locura. Un hurón en cambio da mucho menos trabajo, permanece tranquilamente en su jaula y además dice que duerme todo el día. Fantástico.

Por otro lado Iris parece mostrar mucho entusiasmo por los animales. Cuando ve un perro no le quita el ojo y manifiesta ansias por tocarlo. Se agita muchísimo. Y con los gatos también.

El otro día nos pusimos a ver un libro de texturas con gatitos. Qué divertida. Cómo se agitaba, emitía sus grititos de alegría, botaba, y su cara era puro entusiasmo.

Así que creo que a Iris le va a encantar el hurón. Tendrá un buen amiguito. Además dicen que las mascotas son muy beneficiosas para los niños. En fin, que ya me hecho a la idea.

Como ya os dije en el post de ayer también me preocupa el tema del dinero. La verdad no se cuanto cuesta un bicho de estos. No se cuanto ha pagado. Pero es que me pasa algo bien curioso: ¡necesito crear nuestro hogar bien bonito! ¡Me apremia!

Antes de embarazarme no me importaba mi entorno hogareño. Me aislaba en mi mundo y apenas lo veía. Mientras tuviera lo imprescindible ya me estaba bien. No me preocupaba por decorarlo o mejorar su aspecto de una manera u otra. No me gustaban las tareas domésticas. Eran un mal menor a soportar.

En cambio hoy necesito tenerlo todo bien ordenado, limpio, organizado y ¡bonito! Antes solo dedica un día a la semana a limpiar y ordenar. Ese era la única ocasión que, por ejemplo, barría y fregaba el suelo. Ahora la limpieza es cotidiana. No todo porque el tiempo no me da, pero al menos algún rincón de la casa recibe mi atención. Barro y friego el suelo frecuentemente. Y no a diario porque el tiempo tampoco me da. Y lo más curioso de todo es que, en general, ¡disfruto haciéndolo! Todo por mi hija.

Además dedico bastante tiempo en pensar cómo mejorar mi entorno. Qué mueble quedaría bien, qué cuadro o elemento del tipo que sea. Claro que, en estos momentos vivimos temporalmente en casa de mi madre y no puedo arreglar nada en ese aspecto. Y me muero de ganas por hacerlo. No es que este mal. En absoluto. Pero no está del todo a mi gusto y veo muchos detalles a embellecer. 

Allí en México, mi pareja ha alquilado una vivienda vacía. Imagínate. Desde el primer momento le pedí las medidas, busqué muebles por Internet y decoré toda la casa. Las habitaciones, el comedor, la zona de juego de la niña, etc.

Ahora mismo él sobrevive con una mesa prestada horrorosa. Consecuentemente no considera prioritario comprar otra. En cambio yo sí. No se muy bien porqué pero no me apetece nada vivir con algo tan feo. No es cuestión de quién tiene razón o no. Es un sentimiento muy fuerte y visceral. ¿Será el síndrome del nido?

Ya estando embarazada nació esta urgencia en mi. Mi mente se centra en conseguir un hogar digno para mi hija.

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