Bichos, animales y otras cosas

Hola, buenos días, me equivoqué. Es hoy que tenemos médico. Buf, es increíble cómo me falla la cabeza. Antes de quedarme embarazada era muy despistada. Pero desde que parí es un escándalo. Y ahora mismo estoy cabreada. Acabo de discutir con mi pareja por messenger. Sí, a estas horas, a las 5:17 de la mañana. El se encuentra a 9.502 km. de distancia, en México DF. 

¿Habéis oído hablar de la fuga de cerebros? Pues el es uno más. Se doctoró en matemáticas y aquí en España no ha encontrado ninguna universidad dispuesta a acogerlo. En cambio allí en México llevaban tiempo esperándolo. Así que nueva etapa de la vida. En cuanto podamos nosotras también iremos para allá. Es cuestión de papeleo.

Y ¿porqué me he discutido con el? Pues porque ¡se ha comprado un bicho! Y aún he tenido suerte que no ha sido ni un perro ni un gato. 

No es que no me gusten los animales. Tampoco soy amantes de ellos. Es que ahora mismo ya tengo más que suficiente con Iris que es un buen bicho, precioso, pero trastejo. Cada día se mueve más, todo lo quiere tocar, e incluso empieza a protestar por ello. Eso sí, con coherencia. Si siempre le he dejado tocar cierta cosa pues protestará si cambio de idea en la siguiente ocasión. Si es algo nuevo o que nunca ha podido tocar pues se conforma más o menos. Digo más o menos porque va a estar intentándolo hasta que encuentre otra más interesante. Incluso cuando se está durmiendo va levantando su cabecita para pedir. Me hace mucha gracia. ¡Pero también me cansa! Es cansado estar casi permanentemente conteniendo a una criatura, por más gracia que pueda hacer. 

Para que me entendáis. Imaginaos una mujer que se estresa con una mosca. Peor, con una mariposa. Imaginaos esta mujer con un bebé que es un encanto (que voy a decir) pero muy inquieto y movido, que pasa de vivir en un pueblecito costero de 300 habitantes aproximadamente a una ciudad enorme con 20 millones de humanos algunos de ellos parece ser que son muy peligrosos y que además es un lugar totalmente desconocido y alejado de cualquier ser querido, sin contar su pareja, claro está. Esa mujer soy yo. Que me voy para allá simplemente porque está el. No porque me guste viajar. O porque quiera conocer nuevas culturas. O porque de repente quiera vivir en una ciudad atestada de gente. No. Me voy allá para estar los tres juntos. Y tengo muchas ganas de irme pero simplemente porque él está ahí. El, que se pasará el día currando. Y yo en casa sola con mi nena cerradas en un piso, con vecinos arriba, abajo y por los lados, pared con pared. Por las noches sacaré la cabeza por la ventana y solo podré ver una luna chiquita allá a lo lejos. Y ya no sentiré la brisa del mar. Es suave y te recarga sin que lo sepas. Y al salir a la calle no me iré cruzando con personas a las que puedo charlar y saber cómo les va o decirles lo bien o lo mal que estoy. Me cruzaré con individuos y coches y humo. Y por las tardes, antes de que caiga el sol, no tendré un punto de encuentro como lo tengo aquí, en el que se que siempre hay alguien. Me he acostumbrado demasiado a salir cada día de casa y estar rodeada de edificios bajos.

¿No es suficiente? Yo que voy evitando los focos de estrés este es uno y ¡bien gordo! Si ya el hecho de tener que hacer escala durante el viaje me aterra.

Pues se ve que no. Que no es suficiente. Que tendré que verlas con un bichejo. Y que me perdonen los amantes de los animales. Ai, aun no he dicho que es, verdad? Un hurón. Encima eso, que dicen que huelen mal. Buf. Perdonarme pero es que una de las cosas que no me gusta de los animales es su olor. Claro que cuando el animal es tuyo la cosa cambia. Lo sé porque a pesar de todo una vez tuve un perro. Era precioso. Pero no nos desviemos. 

Niña, bicho y yo. Ese hombre no me conoce. Eso es demasiado para mi. No por nada. No se trata de si me gustan los animales o no. Se trata de mi estrés. Los animales me ponen nerviosa. Me dan mucho respeto. Soy la típica que se lo mira mucho antes de coger uno si es que lo llego a hacer. Estaré sufriendo por la niña y ¡por el huron ese! Y no me da la gana. Qué ya sufro suficiente. A gusto, pero suficiente. 

Ya le he dicho que ese bicho se pasará el día cerrado en su despacho. Pero claro, ¿eso lo va a entender la nena? Encima me dice que quiere comprar otro. Tocate eso que no suena. Con perdón.

¡Ah! y todo esto sin contar con el dinero perdido para los muebles. Que esa es otra que ya os contaré.  

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