Como un zomby.

Son las seis de la mañana y se ha complicado la cosa. No encuentro la tablet y la niña esta despierta. Ahora mismo la tengo en la mochila jugando con las cortinas mientras yo escribo con el mobil. No me mola la situación.

Son las 6:24. Sigo con el mobil en la mano y la niña en la mochila pero ahora dormida. ¿Cuántas horas de balanceo debo llevar acumuladas? 

Ultimamente por las noches se agita diferente. Hasta no hace mucho entre todos sus gestos había uno muy característico que me indicaba que quería teta. Ahora ya no lo hace. Y llega a despertarse y si no voy rápido a darsela se desvela y ya nos pasamos una hora para coger de nuevo el sueño. Cuando crees que ya conoces a tu bebé, que ya sabes como funciona (pobres, como si fueran máquinas) entonces te cambia el patrón y vuelve a empezar.

Ayer fue un día duro. Me desperté mal, con agobio y mal cuerpo. Ademàs no salió el sol. Entre una cosa y la otra no fui a la piscina. Mala decisión. El día fue pasando, la temperatura augmentando y el agobio acentuando. Cada vez me sentía peor. Con mucha calor. Me costaba hacer las cosas. Qué pesadez.

Desde luego es totalmente incompatible el encontrarse mal y la crianza. Ayer aun conseguí sobre llevarlo bien. Pero en alguna otra ocasión no alcanzaba a entenderla y, por tanto, el atenderla se dificultaba mucho.

Ayer iba compaginando el juego con las tareas del hogar. A ratos la dejaba en la zona de juego y yo me sentaba al lado y me limitaba a observarla. Por suerte es fácil seguirle el rollo. “Oh! Un cubo!”, “oh! Un anillo de color rojo!”, “Oh! Una caracola!”. Pero llega un momento en que pide brazos. Entonces la coloco en la mochila y como un zomby deambulo por la casa recogiendo cosas o limpiando. Y así iba tirando.

El momento más crítico es el mediodía, la hora de la siesta. Buf, no podía con mi alma. Ya de normal no tengo ganas de hacer nada. ¡Pues imagínate ayer! Pero la criatura sigue ahí. Mirándote, moviéndose, jugando, sonriendo, protestando. ¡Ai dios mio! ¿Dónde esta el botón de apagar? 

Ayer parecía que no se iba a dormir nunca. Por más que suplicara desde mi fuero interno al destino este no tenía compasión de mi persona. Al final cansada, desesperada, sin saber qué hacer, sintiendo mi cabeza a punto de estallar, con miedo de cometer una locura, me resigné a su movimiento. Así sin más. No lo decidí. Sucedió. Entonces se durmió.

Tengo la sensación de que en la crianza hay dos normas secretas básicas: 1. No cantes nunca victoria. Siempre te va a sorprender. Me refiero a lo que ya he dicho antes. Cuando crees que tienes la situación totalmente controlada entonces te cambian las normas de juego. 2. Siempre puedes dar más de si. Son varias las ocasiones en que he sentido llegar al límite. Entonces siempre me ha pasado lo mismo. Llega un momento en que mi mente se resigna, se rinde, abandona la lucha y se entrega de forma pasiva a la situación. Entonces esta se soluciona.

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