¡Ole, ole, ole!

Las 4:52, aprovecho y escribo. He estado un buen rato dando el pecho. Ahora se cogía, ahora se soltaba. Esto me ha desvelado.

Ayer hubo en el pueblo un espectáculo de payasos para niños. Fuimos a verlo mi hermana, sus mamis-amigas, yo y las correspondientes criaturas. A Iris no parecía gustarle. Se mostraba quejicosa y no paraba quieta. Entonces empezó a dar señales de querer teta. Pero al ofrecérsela ni se enteraba pues los payasos le llamaban demasiado la atención. Imaginate, te pido teta pero no te hago caso porque hay algo que no me gusta pero aun así me llama mucho la atención. Cuando se pone en ese plan me resulta un tanto pesado porque su inquietud va en aumento, reclamandome pero, al mismo tiempo, pasando de mi.

Cansada de la situación me disponía a ponerla en la mochila cuando los payasos, simulando un toreo, empiezan a exclamar “ole!”. Vaya lo que ha ido a oír mi niña. Se ve que va aprendiendo lo que le enseño. Ni corta ni perezosa empieza a aplaudir. Y es que de vez en cuando me pongo a dar palmas delante de ella mientras canturreando “ole, ole, ole!”. Que gracia me hacía verla dar palmas cada vez que oía el Ole!

Y es que mi nena va creciendo y haciendo progresos. Ya sabe decir adiós. De hecho no lo descubrí yo. Fue una amistad del pueblo la que se dio cuenta. Una tarde mientras me despedía de mi hermana agitando la mano y diciendo “adeu! Adeu!” la señora se cruza con nosotras y exclama “ui! ¡Qué espabilada!”. Yo pensé “¿Pero qué dice esta mujer ahora?”. Y la descubro diciendo “adeu, adeu” agitando la mano mientras miraba a mi niña. Y ahí me di cuenta. Iris con su amplia sonrisa se dedicaba a agitar la mano a quien quisiera recibirlo. “Mira Cristina! Ya sabe decir adeu!” exclamé al momento. Ahora me encanta despedirme de la gente.

Y por si fuera poco ya le ha empezado a salir dos dientes! Los dos de abajo. Qué graciosa, mueve su lengüecita por encima.

Si si, va creciendo, cada día más espabilada, más atenta, interacciona más con los demás pero sobretodo conmigo. Ah! Me ofrece cosas. Ahora cada vez que pasa algo por sus manos me la muestra y/o me la pone en la boca.

Y llama la atención de la gente. El otro día estábamos en la polleria. Llena de gente pero mientras esperábamos turno nadie le hacía caso. De repente emite un grito, y otro, y otro. La gente empezó a girarse, a mirarla y a decirle cosas. Y ella empieza a sonreír y a agitarse dentro de la mochila super contenta.

Me encanta verla crecer y progresar. No se porque carajo pero me emociona tanto. Es increíble la tremenda ilusión que me despierta cada tontería, cada detalle, cada avance. Será que la quiero con locura. Pero no deja de sorprenderme como un pequeño ser venido de quien sabe donde puede despertar en mi tanto goce. Me alucina. Es realmente mágico. Y maravilloso.

He de confesarlo. Tener un hijo me demuestra que amar a alguien por encima de uno mismo, amar a alguien con tanta intensidad te colma de felicidad. Y me demuestra también que esta no es la ausencia de problemas, ni de incomodidades ni incluso de penurias. 🙂

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